El acceso al idioma, ahora mas que nunca / Language Access, Now More than Ever

Hace unas semanas, ayudé organizar un entrenamiento para intérpretes en el Instituto Internacional de Búfalo. Mis colegas y yo en el departamento de servicios de idiomas buscamos intérpretes y traductores para escuelas, empresas, hospitales y salas de justicia, y estos entrenamientos ayudan desarrollar las habilidades requeridas de intérpretes en estos lugares.

¡Qué diverso la asistencia! Habían estudiantes de universidad que estudiaban español y coreano, estadounidenses de generación segunda que crecieron hablando inglés y árabe… aún una person que vino a los estados unidos después de pasar cinco años como prisionero político en birmania.

Por desarrollar las habilidades de idioma, han hecho una decisión muy inteligente de carrera. Según la Oficina de Estadísticas Laborales de los EE.UU., la profesión de interpretar y traducir probablemente crecerá muchas veces más de lo promedio durante los próximos diez años.

También satisfacen un papel social muy importante. A alguien con habilidades limitadas de inglés, la lucha de comprender y ser comprendido puede tocar todos aspectos de la vida: o en la escuela o el DMV, mientras van de compras, visitan el médico o incluso se defienden en la sala de justicia. De verdad, practicar nuestros derechos y responsabilidades depende en parte en la habilidad de comunicar efectivamente.

El acceso al idioma es un derecho civil, y la discriminación por idioma está prohibida en la ley. Pero, como otras luchas para los derechos civiles en los EE.UU., la consciencia ha llegado recientemente, y después de una historia muy larga de injusticia. Y mientras como sociedad hemos empezado a discutir más abiertamente y honestamente cosas como la raza y la orientación sexual, la discriminación por el idioma se excluye muchas veces de esa conversación.

Podría ser relacionado con cómo pensamos en la información en el siglo 21. Suponemos muchas veces, en una época del Internet y los smartphones, que la información está ampliamente disponible a alguien que la necesita. Pero esto supuesto es erróneo. Por eso el Instituto Internacional recibe tantas solicitudes cada día para intérpretes y traductores, y la gente aplica cada día para poner sus habilidades de lenguaje para trabajar con agencias como nuestro en toda la nación.

El acceso al idioma es un mandato legal, y también un buen negocio, y es una cuestión moral a la par con las otras luchas de derechos civiles que seguimos para afrontar. Si creemos que nuestros problemas vienen del electorado desocupado o un sistema desigual de justicia, o el desempleo o las escuelas públicas debilitadas, la solución siempre comenzará con palabras. Y es la hora de abrir la discusión.

Vi en ese recién entrenamiento de primera mano cómo la comunicación transcultural–y translingüística–ayudan, no dificultan, la resolución de problemas. Mientras yo miraba a las participantes trabajar juntos para resolver problemas y practicar nuevas habilidades, me imaginaba que una escena similar se desarrollara por toda la ciudad. Y me hizo contento de vivir en un tiempo tan prometedor.


A couple weeks ago I helped organize a training for interpreters at the International Institute of Buffalo. My colleagues and I in the Language Services Department look for interpreters and translators for schools, businesses, hospitals and courtrooms, and these trainings help to develop the professional skills needed for interpreters in these settings.

The turnout was diverse! There were college students studying Korean and Spanish, second-generation Americans who grew up in Buffalo speaking English and Arabic… even one person who came to the U.S. after spending five years as a political prisoner in Burma.

By developing their language skills to become interpreters, they are making a savvy career move. According to the U.S. Bureau of Labor Statistics, the interpreting and translating profession will probably grow several times faster than average over the next ten years.

They are also filling an important social role. For someone with limited English ability, the struggle to understand and be understood can touch every aspect of life: in school or at the DMV, while grocery shopping, seeing a doctor or even defending oneself in court. Indeed, exercising our rights and responsibilities as citizens is dependent in part on the ability to communicate effectively.

Language access is a civil right, and discrimination based on language is prohibited by law, and discrimination based on language is prohibited by law. But, as with other civil rights struggles in the U.S., awareness has only come relatively recently, and after a long history of injustice. And while we as a society are starting to have more open and honest discussions about things like race and sexual orientation, discrimination based on language is often left out of that conversation.

This may be related to how we think about information in the 21st century. We often assume that, in an era of smartphones and the Internet, information is widely available to anyone who needs it. But this assumption is erroneous. That’s why the International Institute receives so many requests every day for interpreters and translators, and it’s why people are applying every day to put their language skills to work with agencies like ours all over the country.

Language access is a legal mandate, not to mention good business, and it is a moral issue on par with other civil rights struggles we continue to face. Whether we think our problems stem from a disengaged electorate or an unjust legal system, unemployment or failing public schools, the solution will always begin with words. And now is the time to open up the discussion.

I saw firsthand at that recent training how cross-cultural–and cross-linguistic–communication helps, not hinders, problem solving. As I watched the participants work together to solve problems and practice new skills, I imagined a similar scene unfolding all over Buffalo. And it made me excited to live in such a promising time.

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